martes, enero 11, 2011

De cómo hackearte el cerebro

Hace unos días, caminaba dirigiéndome a mi casa, regresaba de una visita en la cual una charla había capturado mis pensamientos y me tenia inmerso en cómo darle solución a los inconvenientes  internos que me había generado.

Y es que a veces analizamos demasiado las cosas, tratamos de controlarlo todo y a todos, inclusive nos aferramos a que factores externos en los cuales no tenemos ninguna injerencia pueden ser dirigidos por nuestras propias normas. Es parte de ser un perfeccionista creo, algunos lo ven como una virtud, para otros es un defecto.

Entonces, mientras caminaba de repente el sonido se hizo silencio, un slow motion de mi andar precedió un beat de vértigo que me provoco un mareo súbito y me desconcertó al grado de recibir un grito de un taxista que pasaba por ahí y casi me da un empujón. Mi lado analítico del cerebro se había desconectado. Así como en las antiguas Machintosh, cuando una pantalla blanca llena de interferencia se nos presentaba ante nuestros ojos después de un error interno del sistema, así podía verse mi actividad neuronal en esos momentos.

Pues bien, para hackearte el cerebro, o provocarte un “Snow Crash” como me dio por llamarlo después de que sucedió, solo hace falta tener un tema personal que te cree un verdadero conflicto interno, que tenga un objetivo que desees alcanzar con todas tus fuerzas pero que conseguirlo se contraponga con valores profundos o que creíste nunca violar, toma una meta que este destinada a romperte el corazón o dejarte sin alma y camina hacia ella como si de verdad creyeras en lo que estás haciendo.

Cuando sientas que “debo, quiero, puedo” significan lo mismo que “no debo, no quiero, no puedo” significan básicamente lo mismo. Cuando tus valores y tus miedos inviertan polaridad. Estas muy cerca.

Tal vez  sientas una especie de nihilismo al principio, si has probado alguna droga probablemente la sensación de placer y relajamiento sea muy similar. La duración de este estado depende de cada persona en particular supongo, a mi me duro alrededor de una semana, aunque sin duda a largo plazo te deja una sensación de que a final de cuentas el secreto de la vida es que todo es inventado, y además, puede reinventarse.

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