lunes, mayo 30, 2011

Volver a lo Básico


Cuando la organización social se vuelve una necesidad para el buen desarrollo del hombre antiguo, las complejidades del cerebro comienzan a revelarse a través del nacimiento de la cultural en general y con el transcurso de los siglos,  se van entramando más y más convencionalismos sociales, costumbres, conceptos, ideologías, sentimientos, emociones,  y demás pensamientos humanos que en su forma aplicada moldean el día a día de los miembros de la sociedad actual.

Hoy por Hoy la interacción interpersonal a cualquier nivel resulta ser compleja.  Aunque mediante una educación básica y digamos más o menos aceptable se pueden preparar en el núcleo familiar a individuos capaces de enfrentar tales reglas del juego de la vida social, seamos sinceros, eso no es suficiente.
En ocasiones podemos encontrarnos en momentos de nuestra vida en los que parece que nuestra cabeza explotará de tantas ideas que revolotean en nuestra mente y un pensamiento analítico o reflexivo no es suficiente para encontrar una solución. Con tantos puntos de vista, cientos de cuestionamientos e incluso con nuestros valores más profundos retumbando en sus cimientos llegamos a cuestionarnos  si es momento de cambiar y de qué manera deberíamos hacerlo. ¿Quién tiene la razón? ¿Cual es un buen consejo?  ¿A quién podrías tomar como ejemplo?, ¿Qué camino debo seguir?

Creo que una manera de afrontar ese momento de incertidumbre consistiría en dos pasos:
El primero es aplicar un "garbage collector" y tomar absolutamente todos los pensamientos conflictivos que se contraponen unos con otros sin lograr desembocar en una antítesis y tirarlos a la basura y
Segundo: volver a lo básico.
No olvidemos que por naturaleza el ser humano es una animal (racional pero animal al fin y al cabo) y se rige en gran medida de instintos básicos como comer, respirar, reproducirse y morir. Fuera de esto, todo lo demás es inventado. La cultura, la religión, el amor, la tecnología, todo juega con principios y/o normas que han salido del cerebro del hombre y siendo así, tenemos la libertad fundamental (básica) de seguir el juego como mejor nos plazca, o porque no, de inventar nuevas reglas. No hablo de una anarquía mental, sino que me refiero simplemente a que dejemos de vernos atrapados en un laberinto sin salida, tomémonos un buen respiro y volvamos a comenzar desde un punto en el cual estaremos libres de emociones y prejuicios que nos permita tomar una decisión de vida de manera más relajada y atinada.

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