jueves, octubre 07, 2010

Ave Nocturna - Segunda Parte -

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Apenas la llamo, le silbo para que se acerque y trato de conocerla, la dejo de nuevo por si sola revolotear, tiene un canto extraño, pero no para mi, su canto me gusta,  es del alma, ¿un ave tiene alma? o es la mía la que lo hace tan emotivo, es como si disfrutara su tristeza, es a lo que los poetas llaman melancolía.
Trato de igualar su canto, no lo he conseguido aun y eso me frustra, porque lo que ella expresa yo lo siento siempre pero no tengo las mismas cuerdas bucales para expresarlo del mismo modo, tal vez algún día, cuando me convierta en un ave también, cuando me quede sin alma y otro que me escuche cantar sienta lo que esa ave me hace sentir ahora.

Al menos sigue cerca, no me ha dejado solo aun, es por ahora con lo único que cuento de una forma segura, se calla y es un tope con la rigidez del mundo real, vuelve a cantar y me devuelve a mi también en donde quiero “es-tar”, a la mitad, el justo medio de Aristóteles.

No quiero perder la diversidad de paisajes en los cuales puedo imaginar al ave volar, pero tampoco quiero perder al ave, no se puede tener  ambos, el ave libre moriría, enfermando bajo la lluvia, devorada por su superior en  la cadena alimenticia, helada por el intenso frío, raquítica por no poder probar alimento, eso seria de ella si la dejase escapar, pero si no tuviera la oportunidad de mostrarle  lo que podría conseguir si fuese libre, si le permitiera volar sin condición, suponiéndo que no le mostrara los siete cielos, las mil montañas, las nubes, el sol, moriría también por no tener un sueño  al cual aferrarse, es lo único que la mantiene viva, un sueño, amorfo, inconsistente, oscuro, negado a hacerse realidad por temer violentar las trágica normatividad tan estricta de Unamuno.

ya no canta, no se ha donde ha ido, por eso me detengo, por eso me entorpezco , por eso me pierdo de nuevo, tal vez... mañana si la deje libre.

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