A veces tenemos momentos, breves nacidos y muertos entre la ultima factura elaborada y la siguiente hora del té, momentos que son de recuerdo, de sanación, de perdón y despedida.
Momentos de libertad, que deben ser apremiar, son de catarsis, son para liberar las sonrisas que no resonaron en el viento por temor a ser el centro de atención y no ser lo que el mundo esperaba, dejar volar la brisa de lagrimas no lloradas por prever que la muralla de hierro que construimos alrededor de nuestro corazón podría oxidarse con ellas.
El miedo a lo desconocido es la causa de muchos errores cometidos por el hombre, y es este mismo miedo el que evita ser como realmente queremos ser, preferimos enterrar y partir, a llorar y dejar ir.
No eres un recuerdo que añore, eres un sentimiento herido que no acaba de morir, eres el velo de pesadumbre que cubre mis soleadas mañanas, ¿si lo son?
Esos momentos de rezo, por ellos, sombras hoy que deambulan por la calle de mis pensamientos, haciéndome creer que la vida siempre es oscura y no amanece.
Debemos cultivar esos momentos, siempre que sea necesario, ese apabullamiento en el corazón no es otra cosa que el dique a punto de romperse debido al enorme caudal de sentimientos que chocan unos con otros y contra las paredes que desde hace años los contienen.
Siempre será buen momento para dar el ultimo golpe al dique y dejarlos salir, será un desbordamiento lo se, pero después de la destrucción al fin será momento para reconstruir.
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